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20 febrero, 2017

¿Qué es el Miso?

Publicado por Laura

El miso, es un condimento consistente en una pasta aromatizante, hecha con semillas de soja y/o cereales y sal marina fermentada. Durante siglos fue considerado un alimento curativo en China y Japón. El kome miso era el preferido por la familia imperial japonesa y los samuráis, por tener un sabor más refinado e incluso un poco dulce. Su consumo empezó a popularizarse hace tan solo unos 100 años.
Contiene enzimas que ayudan a la digestión, y suministra carbohidratos, lípidos, vitaminas, minerales y proteínas. Algunos sostienen que el miso sin pasteurizar puede reconstruir la flora intestinal que haya sido deteriorada por dietas de alto contenido en carnes, azúcar, productos químicos y antibióticos, aunque no hay ningún estudio científico que lo ratifique. Los ingredientes de base para producir miso pueden ser una mezcla de granos de soja, cebada, arroz, alforfón, mijo, centeno, trigo, semillas de cáñamo, etc.. que después es fermentada.
La elaboración del miso en Japón tiene una larga tradición, donde el clima y el proceso de fermentación son críticos para el resultado final del producto. Se usan barricas de madera de cedro, en las que se almacena el producto durante más de un año. Los productos elaborados industrialmente no respetan estos procesos, lo que incide en la calidad final del producto.
Los misos más afamados son fermentados por largo tiempo. Se pueden obtener diferentes tipos, como:
* Shiromiso, es decir miso blanco: su fermentación dura aproximadamente un año y resulta ser el de sabor más suave.
* Akamiso, es decir miso rojo: su fermentación dura aproximadamente dos años, teniendo un sabor más fuerte que el blanco.
* Kuromiso, que es el miso negro: su fermentación dura aproximadamente tres años y su gusto es intenso.
* Hatchomiso es la variedad más concentrada y proteica al no llevar ningún tipo de grano añadido (arroz, trigo o cebada).

Gracias a sus enzimas y fermentos favorece el equilibrio de la flora intestinal (bacterias prebióticas) siendo por ello aconsejable tanto en caso de diarreas como en estreñimiento. Ideal para las malas digestiones,  ya que el miso contiene enzimas vivas.
Para las enfermedades cardiovasculares ya que contiene ácido linoleico y lecitina de soja que disuelven el colesterol en la sangre y evitan el endurecimiento de los vasos sanguíneos.
Gracias a sus isoflavonas, que favorecen el equilibrio hormonal de la mujer, el miso es muy adecuado en la menopausia ayudándonos a combatir los síntomas más habituales como sofocaciones y pérdida de calcio (Osteoporosis). De hecho las mujeres asiáticas que consumen soja en sus diferentes presentaciones apenas tienen síntomas durante la menopausia.
Poder antioxidante ya que favorece la eliminación de radicales libres.

Contiene mucha proteína y vitamina B 12.
El miso no pasteurizado suele tener mayor número de enzimas y fermentos.
Es rico en aminoácidos esenciales y minerales como el magnesio, calcio y hierro.
También contiene vitaminas del grupo A, B, E y ácido fólico.

El miso suele venderse en envases de plástico o en frascos de cristal. Al ser un condimento salado no es fácil que se estropee pero si vivimos en un sitio cálido es mejor ponerlo en la nevera.
De forma tradicional se toma especialmente como condimento en sopas, patés, legumbres y cereales. 
Al ser un fermento no quiere hervir a fin de no perder sus cualidades.
Normalmente se añade cuando ya hemos terminado de cocinar un plato y hemos apagado el fuego.
Entonces diluimos una cucharadita pequeña por ración en un poco de esa sopa o caldo y lo volvemos a añadir a la olla. Dejamos que repose uno minutos y ya podemos servir.
Tengamos en cuenta que si ponemos Miso ya no hay que poner sal ya que ya es un condimento salado.

Espero que esto os haya ayudado a conocerlo. Lo mejor, será que hagáis la sopa que publicaremos el próximo día a base de miso, setas siitake y noodles. El sabor es espectacular, os invito a ello.